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Crítica de ‘Spider-Noir’: Marvel se viste de cine negro en una de sus mejores series con un Nicolas Cage muy Bogart
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Crítica de ‘Spider-Noir’: Marvel se viste de cine negro en una de sus mejores series con un Nicolas Cage muy Bogart

Visualmente apabullante, es un pastiche del 'noir' que no cae en el guiño facilón ni en el homenaje barato, con una reinvención vintage del superhéroe que abrazarán los amantes de los cómics y los del Hawks de 'El Sueño Eterno'

Foto: 'Spider-Noir', una serie para entretenerse y para paladares exquisitos
'Spider-Noir', una serie para entretenerse y para paladares exquisitos

Uno de los grandes atractivos del cine clásico de Hollywood en general, y del género negro en particular, es que cada plano estaba perfilado hasta el más mínimo detalle.

Desde los ángulos de cámara hasta la colocación de los personajes en el cuadro, películas como ‘Sed de mal’, ‘El sueño eterno’ o cualquier serie B de los inicios de Anthony Mann podían presumir de imágenes fascinantes; de una estilización que casi siempre casaba con lo que se estaba contando.

Aquellos que llevan al Hawks o al Wilder más noir en sus venas; aquellos que han leído a Raymond Chandler o a Dashiell Hammett mil veces, están tan de enhorabuena con el estreno de ‘Spider-Noir’ como quienes ya conocían esta versión oscura del Hombre Araña gracias a los cómics.

‘Spider-Noir’ convierte al Spider-Man de siempre (olvídense de Peter Parker) en Ben Reilly, un detective privado que renunció a sus superpoderes tras un hecho traumático que nos cuentan a través de pequeños flashbacks. La producción resultante es un disfrute para los amantes de Stan Lee y sus historietas, pero también para quienes crecieron absorbiendo el mundo urbano, nocturno y expresionista de los policíacos de los años 40.

placeholder Spider-Noir en acción. (Prime Video)
Spider-Noir en acción. (Prime Video)

En los últimos años, Marvel ha derrochado creatividad en el formato televisivo, yendo de la sátira de las sitcoms (‘WandaVision’) al homenaje a la industria del cine (‘Wonder Man’). Como aquellas series, ‘Spider-Noir’ es un pastiche que no abusa de sus referentes y los convierte en algo completamente nuevo.

En el piloto, la presentación de personajes ya nos suena de algo. Cabello de Plata (un imponente Brendan Gleeson), apodo del gánster más peligroso de Nueva York, busca saber por qué un tal Addison, que también posee superpoderes, ha intentado matarle. Robert Robertson, un avezado periodista, se pasa el tiempo buscando noticias sobre la mafia e insta a su amigo Reilly a volver a colocarse la máscara arácnica.

placeholder Cage en la serie. (Prime Video)
Cage en la serie. (Prime Video)

Al propio Reilly le encargan averiguar la presunta infidelidad de ‘Cat’ Hardy, una cantante de rasgos orientales que podría ser la femme fatale de la función (no lo es en los dos primeros capítulos que hemos visto) y que pasa de investigada a empleadora del detective. Lo mismo le ocurría a la Mary Astor de ‘El halcón maltés’cuando pedía ayuda al Sam Spade encarnado por Humphrey Bogart.

De hecho, el protagonista de ‘Spider-Noir’ tiene mucho de aquella superestrella (la más grande del cine norteamericano, según el American Film Institute) que nos enamoró en ‘Casablanca’ o en ‘El último refugio’ e hizo de la gabardina y del sombrero algo más que un icono.

placeholder 'Cat' Hardy, la femme fatale de 'Spider-Noir'. (Prime Video)
'Cat' Hardy, la femme fatale de 'Spider-Noir'. (Prime Video)

Aunque la serie abuse de dobles (algo evidente, dada la edad del actor) en las secuencias de acción de Nicolas Cage, este muestra una soltura cínica maravillosa incluso en los momentos más divertidos. Atención a la escena en la que se hace pasar por fontanero para rescatar su viejo traje de Hombre Araña.

placeholder El protagonista, en color dentro de una serie en la que el espectador puede elegir entre este formato y el blanco y negro. (Prime Video)
El protagonista, en color dentro de una serie en la que el espectador puede elegir entre este formato y el blanco y negro. (Prime Video)

En su día, varios dijeron que ni el propio Raymond Chandler sabía explicar por qué moría uno de los personajes de ‘El sueño eterno’. En ‘Spider-Noir’, la narrativa no es tan obtusa como lo fue en aquel clásico y en otros del género, pero el gazpacho de personajes (todos ellos llenos de interés) emula los relatos alambicados de la novela negra y hace que el espectador permanezca atento más allá del deleite de sus espléndidas imágenes.

La imaginería de la serie (advertimos ya que, entre las dos opciones posibles, es mejor verla en blanco y negro) es una absoluta maravilla, un goce para paladares exquisitos. Momentos como la presentación de ‘Cat’ Hardy sobre el escenario, con la luz entrando desde atrás, como si estuviésemos viendo a la Rita Hayworth de ‘Gilda’, lo demuestran.

También lo hacen las angulaciones aberrantes en los momentos más tensos, las sombras que caen sobre una ciudad corrupta, lluviosa y en penumbra o las tomas aéreas del Nueva York de la Gran Depresión.

placeholder Cartel promocional de 'Spider-Noir'. (Prime Video)
Cartel promocional de 'Spider-Noir'. (Prime Video)

Pero, como decíamos, la narrativa acompaña y evita el simple pastiche superficial y sin alma. No solo lo demuestran los arcos dramáticos de los personajes, sino también unos diálogos bien perfilados.

El “Pongo a Dios por testigo que no volveréis a pasar sed”, referido a la Ley Seca (y, de paso, a nuestra amada Escarlata O’Hara), o el “una cantante ha de conocer las canciones y un detective ha de conocer las respuestas” son un buen ejemplo de ello.

‘Spider-Noir’ es lo mejor que le podía pasar a Marvel: una reinvención vintage del Hombre Araña (de la mano de Phil Lord y Chris Miller, también creadores de ‘Spider-Man: Un nuevo universo’), un homenaje al cine negro sin caer en la barata sucesión de guiños y un placer visual infinito. Y, por si no quedaba claro tras este texto, una de las mejores series del año.

Uno de los grandes atractivos del cine clásico de Hollywood en general, y del género negro en particular, es que cada plano estaba perfilado hasta el más mínimo detalle.

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