Kiko de Japón: madre del heredero y de Mako, la princesa del amor imposible
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MUJER DEL PRÍNCIPE HEREDERO

Kiko de Japón: madre del heredero y de Mako, la princesa del amor imposible

Con la abdicación del emperador Akihito, su marido, Fumihito, se convierte en el primero en la línea sucesoria y su hijo Hisahito garantiza la continuidad de la familia imperial

Foto: Kiko de Japón: madre del heredero y de Mako, la princesa del amor imposible
Kiko de Japón: madre del heredero y de Mako, la princesa del amor imposible

No se puede negar que la princesa Kiko de Japón es una mujer de carácter. Ni decir que no ha sabido tomar las riendas de su propia vida. Una vez llegue la abdicación del actual emperador, Akihito, su marido, Fumihito, se convertirá en el príncipe heredero. A su vez, el hijo menor de la pareja, el príncipe Hisahito, garantiza la continuidad de la familia imperial japonesa, presa de sus estrictas normas, que impiden que las mujeres sean herederas y determinan que si se casan con plebeyos dejen de formar parte de la familia real.

Por este motivo, siempre se ha especulado con que una de las causas de la prolongada depresión que arrastra Masako podría deberse a que no ha tenido un hijo varón y, por lo tanto, su única hija, la princesa Aiko, no llegará al trono, salvo que en última instancia se cambien las rígidas normas sucesorias. El debate está en la calle y algunos periódicos nipones han publicado algunas encuestas en los últimos tiempos que aseguran que una gran parte de la opinión pública está a favor de estos cambios. Sin embargo, es una patata caliente que se han ido pasando los distintos gobiernos, que no se atreven a abordar lo que, de momento, es una cuestión espinosa.

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La princesa Kiko de Japón, al igual que su cuñada Masako, es una mujer cosmopolita que ha renunciado a lo que podría haber sido una brillante carrera por haber emparentado con la familia imperial. Cuando apenas tenía un año, sus padres decidieron mudarse a Filadelfia, donde su padre cursó un doctorado en la Universidad de Pensilvania. Posteriormente, se mudaron a Austria, donde su progenitor encontró trabajo como investigador.

Kiko, su marido y sus hijos, en una imagen de archivo. (Reuters)
Kiko, su marido y sus hijos, en una imagen de archivo. (Reuters)

Allí Kiko estudió primaria y secundaria y, además, aprendió alemán e inglés, antes de regresar a Japón, en 1972, donde su padre se convirtió en profesor de Economía en la Universidad Gakushuin de Tokio. Fue en la capital japonesa donde la ahora princesa se licenció en en Psicología y realizó un máster en Psicología Social. Posteriormente completó su formación con un doctorado en Humanidades en la Universidad de Ochanomizu, porque al margen de los derroteros que iba a tomar su vida sentimental, ella tenía muy claro que quería completar su formación.

Kiko conoció a Fumihito cuando ambos eran estudiantes y el príncipe le pidió matrimonio el 26 de junio de 1986. Tres años más tarde, la familia imperial anunció su compromiso, el 12 de septiembre de 1989, pero no se fijó la fecha de la boda porque había que guardar un año de luto para la muerte del emperador Hirohito, quien había fallecido unos meses antes, en enero. Finalmente, se casaron en el Palacio Imperial de Tokio el 29 de junio de 1990, no sin cierta controversia y la oposición de sectores conservadores de la sociedad que no la veían como la candidata idónea.

Naruhito y Masako, en una imagen retrospectiva. (EFE)
Naruhito y Masako, en una imagen retrospectiva. (EFE)

Con esta boda se rompieron algunas tradiciones, la más importante que Fumihito se casó antes que su hermano mayor, el príncipe heredero Naruhito, y tampoco los medios pasaron por alto que por primera vez un miembro de la familia imperial se casaba con alguien de clase media. La emperatirz Michiko también era plebeya, pero en su caso su padre era un empresario muy acomodado, por lo que, de alguna forma, se le perdonaba no tener un linaje con más pedigrí.

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Kiko era (y es) una mujer con las ideas muy claras y por eso manifestó desde un principio que si las circunstancias se lo permitían, quería acabar su máster, sin que esto significara que renunciara a sus obligaciones por la posición que ocupaba. Y así lo hizo.

Mako y Kei Komuro han pospuesto su boda. (Reuters)
Mako y Kei Komuro han pospuesto su boda. (Reuters)

Madre de tres hijos, ha sido la princesa Mako quien más quebraderos de cabeza le ha dado y quien ejemplifica las contradicciones internas en las que vive inmersa la familia real. La princesa anunció su compromiso con Kei Komuro en 2017 y la boda estaba prevista para noviembre de 2018, pero cuando trascendieron unas deudas que arrastraba la madre del novio con su expareja se produjo un movimiento estratégico: mandarle a estudiar a Kimuro a Estados Unidos y posponer el enlace hasta 2020, alegando que había sido todo muy precipitado y que el tiempo se les había echado encima.

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Unas medidas que la prensa no oficialista del país asiático calificaron de cortina de humo y una manera de propiciar la disolución del vínculo afectivo entre los jóvenes. Según Kimuro, la deuda de su madre se habría saldado y ya no habría obstáculos para su enlace, según un comunicado que hizo público el pasado mes de enero. Aunque, sin embargo, el exnovio de su progenitora que le había prestado el dinero para que Komuro pudiera sufragar sus estudios manifiesta que no es así.

A día de hoy, la viabilidad de esta relación es una incógnita y la famillia imperial está mucho más pendiente de cuestiones de mucho mayor calado, como la abdicación y la entronización del nuevo emperador. También los medios parecen haberse olvidado temporalmente de Mako y lo que parece un amor imposible.

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