La historia del lugar especial para Alfonso XIII que han elegido los Reyes en Suecia
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PALACIO DEL PRÍNCIPE CARL

La historia del lugar especial para Alfonso XIII que han elegido los Reyes en Suecia

Conocida como Villa Byström o Palacio del Príncipe Carl, será el lugar donde Felipe y Letizia organizarán una recepción para sus anfitriones. Te contamos su curiosa historia

Foto: Los Reyes, en una imagen de archivo. (Limited Pictures)
Los Reyes, en una imagen de archivo. (Limited Pictures)

Con los ojos ya puestos en la visita de Estado que realizarán Felipe y Letizia esta semana a Suecia y todas las actividades marcadas en el programa oficial, tenemos que fijarnos en algunos de los lugares de Estocolmo que tendrán protagonismo propio durante estos días, como el Museo Nobel o el ayuntamiento. Pero hay uno del que tenemos que hablar especialmente. Se trata de la residencia del embajador español en Suecia, un edificio con una curiosa historia relacionada con Alfonso XIII, bisabuelo de don Felipe, y que ha sido el lugar elegido por los Reyes para organizar una recepción en honor de sus anfitriones.

La residencia del embajador español en Suecia desde hace décadas es Villa Byström, también llamada el Palacio del Príncipe Carl, y comenzó a construirse en 1828 por el artista sueco Johan Niclas Byström, del que recibe uno de sus nombres. Su idea era reunir en él todas sus obras personales y que se utilizara como museo. El edificio, de estilo neoclásico, se terminó en 1844 y en él no faltan elementos de mármol de Carrara, tanto en el interior como en el exterior, puesto que estuvo mucho tiempo viviendo en Italia. Lamentablemente, el creador de este emblemático edificio no lo disfrutó demasiado, puesto que falleció solo cuatro años después de haberlo terminado.

placeholder Villa Byström. (Wikimedia Commons/Holger.Ellgaard)
Villa Byström. (Wikimedia Commons/Holger.Ellgaard)

Pasó entonces a manos de un joyero y coleccionista de arte, Christian Hammer, que también tenía intención de utlizarlo como museo para albergar sus propias colecciones, que conformaban una bliblioteca de más de 120.000 volúmenes. Hammer falleció a principios del siglo XX y en 1905 es cuando el edificio comienza a tener aires reales, ya que fue vendido al príncipe Carl, hermano del rey Gustavo V, abuelo del actual monarca sueco. Es entonces cuando Villa Byström empieza a ser conocida como Palacio del Príncipe Carl.

Aunque antes de instalarse, sometió a la casa a una intensa reforma, sí mantuvo algunos de los elementos más característicos, como los mármoles que adornaban diferentes estancias o el homenaje que había en la galería superior al rey Carlos XIV Juan de Suecia, uno de sus antepasados. Una vez terminada la remodelación, se convirtió en el hogar feliz de Carl y su esposa, la princesa Ingeborg, junto a sus tres hijas, Margarita, Marta y Astrid. Unos años más tarde, la familia aumentaría con la llegada de un niño, al que también llamaron Carl.

placeholder El príncipe Carl y la princesa Ingeborg, en 1922. (Cordon Press)
El príncipe Carl y la princesa Ingeborg, en 1922. (Cordon Press)

Fueron años felices para el matrimonio y para sus cuatro hijos. Situada en el distrito de Djurgården, donde se encuentran actualmente numerosas embajadas, la villa está cerca de un inmenso parque por un lado y la bahía de Ladugardslandsviken por otro. La vida pasaba entre estudios, juegos y 'lecciones de princesa', como correspondía a las más jóvenes de cada familia en edad casadera, como era el caso de las tres princesas. De hecho, dos de ellas terminaron siendo reinas consortes: Astrid, de Bélgica, al casarse con el príncipe Leopoldo; y Marta, de Noruega, al casarse con el príncipe Olav.

Pero antes de estas dos bodas reales la familia tendría que atravesar grandes dificultades económicas. Y aquí es donde entra en juego el rey Alfonso XIII, que se ofreció a comprar el palacete en 1923, convirtiéndolo desde su adquisición en la residencia del embajador español en Suecia, función que también desempeña hoy en día. De ahí que el jueves vayamos a ver este edificio en todo su esplendor, ya que este edificio especial para Alfonso XIII es el lugar elegido por Felipe y Letizia para hacer una fiesta en honor de sus anfitriones, es decir, la familia real sueca.

Un recuerdo en un cristal

La felicidad que Carl e Ingeborg y especialmente sus hijas habían vivido en esa casa quedó reflejada en la habitación de las dos hermanas pequeñas. La noche antes de tener que abandonar el que había sido su hogar durante 15 años: "Esperamos que los próximos habitantes de esta casa sean tan felices como lo hemos sido nosotras". El mensaje, que había sido tallado con la punta de un diamante de una de las joyas de su madre, fue respetado en las siguientes remodelaciones de la casa, conservándose durante muchos años.

placeholder La boda de Alfonso de Borbón y Carmen Martínez-Bordiú, en 1972. (Cordon Press)
La boda de Alfonso de Borbón y Carmen Martínez-Bordiú, en 1972. (Cordon Press)

Pero el hecho de que fuera adquirido por Alfonso XIII no es el único motivo porque el que Villa Byström tiene vínculo con la familia real española. Porque si el príncipe Carl e Ingeborg vivieron años muy felices en esta casa, también tenemos quee hablar de otro matrimonio que lo fue en el mismo lugar, aunque no durante tanto tiempo. En 1969, Alfonso de Borbón, primo de don Juan Carlos, fue designado por Francisco Franco como embajador de España en Suecia, por lo que casi inmediatamente se instaló en esta residencia, comprada por su abuelo unas décadas antes.

Fue precisamente en Estocolmo donde conoció a Carmen Martínez-Bordiú, con la que se casaría en 1972 en Madrid. Los recién casados vivieron en Villa Byström hasta 1973, cuando Alfonso dejó de ocupar el cargo designado por el que era su abuelo político. Allí los duques de Cádiz vivieron su primer año de matrimonio y los primeros meses de vida de su hijo mayor, Fran. La felicidad de esos tiempos no vaticinaba entonces el fin de su relación y las tragedias que vivirían uno y otro.

Pero todos estos acontecimientos tendrían lugar años después de abandonar esta villa, convertida en sinónimo de felicidad para todos sus habitantes a lo largo del tiempo. Un edificio emblemático en Estocolmo, de referencia para los españoles que viven allí y donde veremos el jueves a los reyes Felipe y Letizia asumiendo en Suecia el papel de anfitriones.

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