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Manuel Espejo, decorador: “Que una casa de 1,2 millones a reformar parezca un chollo es de locos”
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Manuel Espejo, decorador: “Que una casa de 1,2 millones a reformar parezca un chollo es de locos”

Es un tipo divertido y encantador, habla rápido y sus conclusiones suelen ser lógicas y acertadas. Adora lo que hace, por eso sus proyectos acaban siendo espacios muy agradables. Si te toca la lotería: Manuel Espejo

Foto: Manuel Espejo, decorador antes que interiorista. En cualquier caso: uno de los grandes de España. (Cortesía)
Manuel Espejo, decorador antes que interiorista. En cualquier caso: uno de los grandes de España. (Cortesía)

Manuel Espejo (Córdoba, 1980) lo tuvo clarísimo desde el principio: “quería ser actor y decorador, las dos cosas a la vez”. Creció entre los muebles del negocio familiar, imaginando habitaciones y moviendo las cosas de sitio; su juego favorito —con 6 o 7 años— era rodear una mesa moderna de sillas clásicas, o al revés. “Mi padre lo veía, sonreía y lo dejaba como estaba; lo más curioso es que aquellos montajes animaban mucho la venta”. El juego, como no podía ser de otra manera, terminó convirtiéndose en oficio. Se formó en IADE, donde estudió Diseño e Interiorismo. No tardó en empezar a trabajar junto a los mejores para, paso a paso, dibujar el camino hacia su propia independencia, guiado por el fuego interior de quien se sabe propietario de un nombre y un estilo propios.

"Yo soy decorador”, afirma a modo de declaración de intenciones, y lo rubrica con letras grandes en la puerta de su estudio en la calle Santa María de Madrid, en el 'corazón deco' del barrio de Las Letras. Le incomoda que el término “interiorista” haya pasado a sonar mejor —“más fino”— y que “decoración” parezca referirse solo a la elección de telas y cojines. “Yo soy un decorador de los de toda la vida, de los que te hacen la casa entera, de arriba abajo”.

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placeholder Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)
Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)

En 2007 creó y abrió su estudio. Casi dos décadas después, su nombre es un imprescindible de citas como Casa Decor —donde ha cosechado numerosas distinciones—, y está acostumbrado a trabajar con grandes marcas —Jacob Delafon, Vorwerk, Natuzzi, Arrital, Hager, Ford, Technogym…—. Sus habilidades van más allá: lo mismo te crea un mueble a medida que una lámpara o una alfombra; todo ello sin desatender sus conferencias y su faceta docente, ni sus intervenciones en televisión, donde comparte soluciones decorativas (Canal Decasa) y a la que está a punto de volver en otra nueva gran aventura de la que aún no puede dar detalles.

placeholder Manuel Espejo, 45 años de ideas muy claras. (Cortesía)
Manuel Espejo, 45 años de ideas muy claras. (Cortesía)

PREGUNTA. De niño lo tenías claro: actor y decorador. ¿Qué paso con el actor?

RESPUESTA. Mira, yo siempre lo tuve todo superclaro. Desde muy pequeño me gustaba ser actor y decorador, y hoy sigo igual; no sabría decirte cuál de las dos profesiones me gusta más. De hecho, vine a Madrid a estudiar Arte Dramático en la escuela de Cristina Rota. Cuando terminé con la interpretación me puse a estudiar Diseño e Interiorismo. Empecé a trabajar como becario en un estudio y a la vez iba a castings. Llegué a participar en un par de cortometrajes y estuve cuatro años en 'La Katarsis del Tomatazo'. Al final tuve que dejar algo y fueron los castings.

En esa época compartía piso con otros estudiantes y yo era un auténtico maniático del orden y la limpieza. Recuerdo que si tenía un examen al día siguiente y la casa estaba sucia, no podía concentrarme. Prefería ponerme a limpiar el piso a fondo y, a lo mejor, empezaba a estudiar a las dos de la mañana, pero con todo impecable. (Risas). Hoy lo he corregido un poco para no sufrir, pero sigo siendo muy meticuloso.

P. ¿Cómo influyó tu familia en esto?

R. Mi abuelo era fabricante de mobiliario y mi padre trabajaba con él. Cuando cerraron la fábrica, mi padre montó tiendas de muebles junto a mi madre. Llegaron a tener tres tiendas Manuel Espejo en Córdoba. Yo nací prácticamente entre muebles. Mi diversión los fines de semana no era jugar con niños, sino irme a la tienda de mi padre. Me encantaba ordenarlo todo y cambiar las cosas de sitio: a la mesa clásica le ponía la silla moderna. Mi padre flipaba porque yo, con 7 años, hacía eso y luego él lo vendía tal cual. Siempre fui un niño “distinto” en ese sentido.

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placeholder Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)
Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)

P. ¿En qué momento decides crear tu propia marca?

R. Trabajaba en Armani Casa en Madrid, que cerró con la crisis de 2008. El estudio estaba dividido: abajo la tienda y arriba nosotros haciendo proyectos integrales. A veces bajaba a la tienda porque me divertía mucho atender a la gente; mientras unos salían a fumarse un cigarro, yo me relajaba atendiendo a la gente. (Risas). Pero los fines de semana, por mi cuenta, aceptaba encargos de mis amigos, donde lo más complicado, para que te hagas una idea, era empapelar. Ese podría ser el origen de mi firma.

Luego me fui a trabajar con Juanjo Taboada, un decorador estupendo que además era el padre de mi gran amiga Rocío. Llegué hasta él porque me habían encargado hacer un restaurante y necesitaba que alguien me supervisase para no meter la pata, sobre todo en cuestiones técnicas. A Juanjo le gustó mi forma de trabajar y me dijo que me quedara. Diseñando, éramos solo él y yo, así que aprendí muchísimo porque había que hacer de todo a todas horas. Yo ya tenía en mente montar mi estudio, pero lo veía como algo a largo plazo.

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placeholder Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)
Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)

P. ¿Cómo te afectó la crisis de 2008?

R. A mi familia le afectó muchísimo. En el estudio de Juanjo el trabajo empezó a escasear hasta que tuvo que despedirnos a todos. Vi que nadie contrataba a nadie y me dije: “Toca buscarte la vida otra vez”. Como ya hacía cositas por mi cuenta, monté un despachito en una habitación de mi casa. Durante dos años el proyecto consistió en tunear muebles antiguos de los clientes porque nadie compraba muebles nuevos. Después le alquilé una mesa a una amiga en su estudio de arquitectura por 300 euros para tener un sitio donde ir a trabajar y recibir a clientes. Poco a poco contraté a una persona, luego a otra, hasta que me mudé —casualidades de la vida— a la calle Espejo de Madrid.

El gran salto tuvo lugar en 2013, cuando participé en Casa Decor por primera vez. Es vital que tu trabajo se vea. En 2015 gané el Premio al Mejor Espacio por un recibidor enorme sin luz natural, pero que gustó sobremanera. También he ganado varias veces el premio al Mejor Compañero, (risas), que me hace mucha ilusión porque significa que te consideran muy majo y ayudas a los nuevos.

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placeholder Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)
Manuel Espejo Estudio. (Cortesía)

P. El imparable auge del precio de la vivienda, sobre todo en Madrid, ¿os afecta?

R. Es un tema superinteresante. A nosotros, a nivel trabajo, nos viene “bien” porque quien compra una casa de un millón o tres millones tiene presupuesto para hacer una obra espectacular. Pero lo que está pasando es una barbaridad.

Hemos normalizado cosas locas. De repente decimos: “¡Mira, esta casa de 1.200.000 euros a reformar es un chollo!”. Me da mucha pena la gente joven. Parejas jóvenes con buenos sueldos que no pueden ni siquiera alquilar una casa digna. Si no tienes la suerte de recibir una herencia o ayuda de tus padres, es imposible. Madrid se ha convertido en una locura de precios al nivel de las grandes capitales europeas.

P. ¿Cómo definirías tu estilo?

R. Es difícil definirse, pero te digo lo que dice la gente: dicen que soy clásico pero muy actualizado y renovado. Me gusta la atemporalidad; he vuelto a ver casas que hice en 2012 y hoy siguen siendo actuales.

Soy muy maniático del orden y la simetría. Me gusta mucho trabajar en espacios pequeños y hacer que luzcan grandes; creo que el mayor lujo hoy en día son la luz natural y los metros cuadrados. En los espacios pequeños es donde se demuestra si eres bueno resolviendo. También juego mucho con los oscuros; a diferencia de lo que se cree, el negro, si se sabe usar, aporta amplitud.

Manuel Espejo (Córdoba, 1980) lo tuvo clarísimo desde el principio: “quería ser actor y decorador, las dos cosas a la vez”. Creció entre los muebles del negocio familiar, imaginando habitaciones y moviendo las cosas de sitio; su juego favorito —con 6 o 7 años— era rodear una mesa moderna de sillas clásicas, o al revés. “Mi padre lo veía, sonreía y lo dejaba como estaba; lo más curioso es que aquellos montajes animaban mucho la venta”. El juego, como no podía ser de otra manera, terminó convirtiéndose en oficio. Se formó en IADE, donde estudió Diseño e Interiorismo. No tardó en empezar a trabajar junto a los mejores para, paso a paso, dibujar el camino hacia su propia independencia, guiado por el fuego interior de quien se sabe propietario de un nombre y un estilo propios.

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