Pocas sagas reales dan tantos giros inesperados como la de los York. En las últimas semanas, los nombres de Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson han hecho correr ríos de tinta en la prensa británica. También en la internacional puesto que el hermano de Carlos III de Inglaterra ha sido despojado de todos sus títulos y deberá abandonar, más pronto que tarde, Royal Lodge, donde ha residido durante las últimas décadas junto a la madre de sus hijos. De ahí a que ahora estén buscando su nueva residencia, que podría ser fuera de Reino Unido. Incluso podrían comenzar a hacer vida por separado -aunque están divorciados, viven juntos desde 2008-.
Como decimos, según las últimas informaciones, todo apunta a que cada uno tomará su camino sin el otro. Según publica 'Daily Mail', Sarah Ferguson estaría valorando abandonar Reino Unido e instalarse en Portugal. En concreto, la royal pondría rumbo al país europeo en enero de 2026 y se hospedaría en una villa de lujo que tiene en propiedad su hija, Eugenia de York, y su yerno, Jack Brooksbank. Se trata de una mansión ubicada en CostaTerra Golf ans Ocean Club, en Comporta, a unos 70 kilómetros de Lisboa. En caso de que se decante por este destino, podría tener a vecinas de la talla de Paris Hilton, Nicole Kidman o Madonna.
Sarah Ferguson se une a varias polémicas. (Gtres)
Este nuevo capítulo llega tras años de intensas luces y sombras en el escenario real británico. Ahora, Sarah Ferguson aparece como una mujer que, más allá de cualquier título o proyecto, ansía recuperar su tranquilidad. De ahí su posible decisión de trasladarse a Portugal y reinventar su día a día alejada del foco mediático y dejar atrás el ruido de las últimas décadas por la vinculación del entonces príncipe Andrés con Jeffrey Epstein. En paralelo, en las últimas semanas ha visto cómo algunas colaboraciones y proyectos profesionales se desvanecían, perdiendo trabajos y apoyos que antes consideraba sólidos.
En cuanto a Andrés Mountbatten-Windsor, se ha especulado que comenzará esta nueva etapa en su vida en Sandringham Estate, la finca privada que Carlos III de Inglaterra tiene en propiedad. Cabe apuntar que su traslado, para la realeza británica, es simbólico y práctico al mismo tiempo: una manera de mantenerlo arropado por su propio entorno, pero a suficiente distancia del epicentro de Windsor y del escrutinio que conlleva vivir en una residencia con proyección pública. Además, tal y como publicó 'People', el nuevo hogar de Andrés estaría sufragado con fondos privados de su hermano, sin implicar gasto para el erario.
Sarah Ferguson y el príncipe Andrés en el funeral de la duquesa de Kent. (Gtres)
Con todo esto, se abre un periodo incierto para los York, una familia acostumbrada a sobrevivir entre titulares incómodos y decisiones difíciles. Con Andrés obligado a aceptar un papel cada vez más reducido dentro del engranaje de la realeza británica y con Ferguson buscando un espacio propio lejos del estruendo mediático, comienza una nueva etapa en la que cada uno tendrá que reconstruirse a su manera. Y aunque ambos siguen ligados a sus hijas, el gran punto de conexión entre ellos, todo apunta a que este nuevo capítulo marcará un antes y un después en la forma en la que afrontan el futuro. Esta vez, sin la protección de un hogar compartido.
Pocas sagas reales dan tantos giros inesperados como la de los York. En las últimas semanas, los nombres de Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson han hecho correr ríos de tinta en la prensa británica. También en la internacional puesto que el hermano de Carlos III de Inglaterra ha sido despojado de todos sus títulos y deberá abandonar, más pronto que tarde, Royal Lodge, donde ha residido durante las últimas décadas junto a la madre de sus hijos. De ahí a que ahora estén buscando su nueva residencia, que podría ser fuera de Reino Unido. Incluso podrían comenzar a hacer vida por separado -aunque están divorciados, viven juntos desde 2008-.