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VIAJES

Por qué tú también tienes que ir a Pollensa, aunque no estés invitado a la boda de Nadal

No podrás pisar la Fortaleza (ahora de Nadal y Xisca), pero sí subir al Calvario, perderte por la Cala de San Vicente, conquistar el Puig María, deambular por sus callejuelas y probar sus exquisiteces

Foto: Son Brull es la finca en la que querrás alojarte en Pollensa. (Cortesía)
Son Brull es la finca en la que querrás alojarte en Pollensa. (Cortesía)

Mallorca siempre está en el punto de mira, la verdad, por bella, por cuna de ese tenista heroico que es Nadal y por real (de reyes y reinas), pero este fin de semana lo va a estar mucho más. El susodicho va a contraer nupcias en uno de esos complejos históricos (y casi apoteósicos) que tiene la isla y que inevitablemente se abren por los cuatro costados al mar. La fortaleza en cuestión, Sa Fortalesa, está en Pollensa, que es uno de los tesoros mallorquines, como lo son Sóller, Valldemosa o Deià. Te contamos a continuación por qué tienes que visitar este precioso pueblo rodeado de una naturaleza ciertamente espectacular, aunque no te hayan invitado a la boda. Cuando estés aquí, sentirás que todo es especial. Robert Graves sabía lo que hacía.

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Agatha Christie, Peter Ustinov… y Rafa Nadal

Por estas tierras (y mares) pasaron, e incluso se quedaron, Winston Churchill, la viajera Agatha Christie -es lo que tenía estar casada con un insigne arqueólogo- y hasta Peter Ustinov. Y a los pintores, claro, no se les iba a escapar un enclave así: Joaquín Mir, Santiago Rusiñol o Anglada Camarasa se encuentran entre los que se dejaron encandilar por Pollensa. De hecho, fue un pintor, el argentino Roberto Ramaugé, que había conocido en París a Anglada Camarasa, el que compró la Fortaleza de Albercutx, concebida para defenderse de los piratas allá por el siglo XVII, en 1919. Él la convirtió en una residencia de lujo. Una suerte de Villa San Michele, salvando las distancias (Ramaugé no era Alex Munthe), pero en Mallorca en vez de Capri. Este sábado será el feudo de Rafa Nadal.

Por no hablar de los encuentros literarios del hotel Formentor, en plena península, por donde desfilaron Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Carlos Fuentes, José Saramago o Camilo José Cela.

Pollensa, entre los pueblos más bonitos

No es solo que el paisaje que lo envuelve sea espectacular -ahí está el impresionante cabo de Formentor, allí donde poéticamente y no tanto se encuentran los vientos-, es que el pueblo en sí es encantador, con sus calles empedradas, sus múltiples edificios históricos (ni uno ni dos ni tres) y su aire medieval. La plaza Mayor, construida en el siglo XIX cuando la Vieja se quedó pequeña y coronada por la iglesia parroquial; el Convento de Santo Domingo, donde se celebra su famoso festival de música clásica y con un bello claustro; el puente romano (aunque no lo sea, su origen sigue siendo un misterio) y el Calvario, desde el que tendrás unas vistas insuperables, siempre y cuando subas los 365 peldaños (uno por cada día del año) de este viacrucis entre cipreses.

Bienvenidos al norte (de Mallorca)

Lo hemos titulado así, porque este pueblo, como el de la película francesa de Dany Boon, también resulta idílico y porque está en el territorio más septentrional de la isla, justo en frente de Ciudadela, ya en Menorca. Y si Pollensa es una maravilla arquitectónica, qué decir de Cala de San Vicente, con calas de arena y aguas cristalinas. Piérdete, y a ser posible que no te encuentren, en Cala Molins, Cala Carbó, Cala Clara y Cala Barques (la más turística). Y como guardián, el Cavall Bernat, una sierra con acantilados de unos 300 metros de altura. Hay barcos hundidos bajo estas aguas, leyendas vivas. En el apartado de imprescidibles están también las cuevas prehistóricas de l’Alzinaret. Hay de todo aquí.

Qué mas ver en Pollensa

Tienes que buscar la Font del Lleò (Fuente del León), que data de 1813, la primera fuente pública del lugar; el Edificio Montisión, que es el Colegio de San Ignacio, construido entre los siglos XVII y XVIII por los jesuitas; el Oratorio de Sant Jordi, del siglo XVI, entonces fuera de la villa y el lugar donde se reunían los pollensines antes de ir a la costa a defenderse de los corsarios, que eran un peligro; la plaza de la Almoina, con el gallo que es el símbolo de la villa; la plaza Vieja, con la casa señorial Can Llobera… Y en fin, esto es un no parar: el Puig María, un santuario del siglo XIV a 330 metros sobre el nivel del mar, con magníficas vistas sobre las bahías de Pollensa y Alcudia, la sierra de Tramontana y la Albufera, etcétera.

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Y allá en el frente, la península de Formentor

Y quien dice península, dice faro, esta vez el colofón de una casi isla que no puede ser sino inspiración ya no de artistas, sino de cualquiera. Pero como pasa con las cosas más bellas, hay que ganársela y recorrer una sinuosa carretera que pasa por distintas calas, el mirador del Colomer, frente al emblemático islote del mismo nombre, donde es obligatorio ir a ver el sol caer sobre el Mediterráneo; la atalaya d’Albercutx, un sistema de torres fortificadas y armadas de los siglos XVI y XVII (sí, donde será la boda de Nadal), y el hotel Formentor, y siempre las aguas cristalinas. Un faro este cuya construcción en semejante lugar, por cierto, fue toda una epopeya (decimonónica).

Dónde dormir en Pollensa

Hay mucho lujo en Mallorca. Lujo como el del hotel Son Brull, que está a los pies de la sierra de Tramontana, a un tiro de piedra de Pollensa, y es todo un santuario rural. Uno cinco estrellas que fue un monasterio jesuita en el XVIII y que sigue ofreciendo mucho diseño contemporáneo pero también aquella paz y tranquilidad de signo monacal (un edén). Hay 25 habitaciones y suites, alguna con piscina privada; un spa, un restaurante alabadísimo, el 365; un bistró, por si buscas informalidad; una terraza y una piscina desbordante climatizada con vistas a un jardín con aroma a jazmín. No decimos más... Dónde: Carretera de Palma a Pollensa PM 220, km 49,8. Precio: desde 232 euros. ¿Dejarán los invitados de la boda de Rafa Nadal y Xisca Perelló alguna habitación libre?

Dónde comer en Pollensa

Además del 365 del Son Brull ya mencionado, con ingredientes orgánicos y menús vegano y vegetariano (en su carta, arroz de roca de mar, cazuela de garbanzo mallorquín, cochinillo crujiente de raza autóctona…), puedes dejarte caer por El Celler El Molí (paellas, cordero y cabrito asado..), por el Fogoneu, en el antiguo cine de Pollensa y con fama de ser el mejor (risotto de setas con pechuguita de codorniz, crema de bonito con langostinos de Sóller… y es solo el comienzo), o por el Q11 (platos de pescado local, carré de cordero, el icónico pamboli mallorquín servido con jamón ibérico…). Pon tú las estrellas, aunque no sean Michelin.

Un rinconcito del Q11. (Cortesía)
Un rinconcito del Q11. (Cortesía)

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