El cambio radical de John Goodman: 90 kilos menos dejando el azúcar y el alcohol
Su transformación no es solo física: es un ejemplo de reinvención consciente y sostenida, algo muy poco habitual en Hollywood y, aún menos, en hombres de su edad
En una alfombra azul que parecía una pasarela de metamorfosis, el actor John Goodman reapareció en el estreno mundial de 'Los Pitufos' en Los Ángeles luciendo sencillamente irreconocible. Su rostro, más anguloso, sus pómulos definidos, su andar más erguido y seguro. La imagen de aquel hombre que durante décadas fue sinónimo de personajes entrañables y corpulentos, como el Pedro Picapiedra de carne y hueso o el padre de familia en 'Roseanne', parecía haberse evaporado. Goodman, de 73 años, ha adelgazado más de 90 kilos y, con ellos, parece haber rejuvenecido al menos dos décadas. Su transformación no es solo física: es un ejemplo de reinvención consciente y sostenida, algo muy poco habitual en Hollywood y, aún menos, en hombres de su edad.
John Goodman este 13 de julio (REUTERS Mario Anzuoni)
La historia de esta transformación comenzó en 2007, cuando el actor decidió dar un giro radical a su vida. Dejó el alcohol, el azúcar y comenzó una rutina de ejercicio constante, seis días a la semana. Pero lo que empezó como un esfuerzo individual se ha convertido hoy en un reflejo de una tendencia más amplia que está revolucionando la relación de los estadounidenses con la salud, el envejecimiento… y la imagen.
Porque si bien el esfuerzo de Goodman ha sido sostenido durante más de una década, su apariencia actual también coincide con un fenómeno que ha cambiado las reglas del juego en el último par de años: la aparición de fármacos como Ozempic y Wegovy.
El actor estadounidense John Goodman en 2008, en Los Ángeles. EFE/PAUL BUCK
Estos medicamentos, diseñados originalmente para la diabetes tipo 2, han generado una auténtica fiebre delgada en Estados Unidos. Utilizados bajo prescripción médica y supervisión, permiten perder peso de forma notable en relativamente poco tiempo al controlar el apetito y ralentizar el vaciado gástrico. Celebridades, ejecutivos, influencers y hasta políticos han comenzado a hablar (o a callar) sobre sus espectaculares pérdidas de peso, muchas veces imposibles de lograr con dieta y ejercicio convencionales. Junto a una creciente renuncia al azúcar y al alcohol –como la que inició Goodman hace 17 años–, estos nuevos hábitos están redefiniendo no solo los estándares de belleza sino también la narrativa del envejecimiento. En un país obsesionado con la juventud, ahora no solo se busca parecer más joven, sino "funcionar" como si se tuvieran veinte años menos: con energía, movilidad y una apariencia acorde a los tiempos.
Aunque Goodman nunca ha confirmado públicamente si ha recurrido o no a alguno de estos fármacos, su caso ha sido tomado como ejemplo de lo que se puede lograr con constancia, decisión y una estrategia bien trazada. Él mismo confesó hace años que, durante mucho tiempo, su vida se había salido de control: comía en exceso, bebía sin medida y se dejaba llevar por una rutina que lo estaba envejeciendo prematuramente. Hoy, en cambio, parece pertenecer a otra era. Como si, con cada kilo perdido, hubiese ido deshaciéndose también del personaje que todos recordábamos y del que él necesitaba despedirse.
No se trata de un simple cambio estético: lo de Goodman es una transformación completa, que inspira y genera conversación en un momento en que la salud física y mental han pasado a estar en el centro del discurso social. En su nuevo cuerpo, más ligero y vital, habita una versión afinada de un actor que ya era leyenda. Ahora, también es símbolo.
En una alfombra azul que parecía una pasarela de metamorfosis, el actor John Goodman reapareció en el estreno mundial de 'Los Pitufos' en Los Ángeles luciendo sencillamente irreconocible. Su rostro, más anguloso, sus pómulos definidos, su andar más erguido y seguro. La imagen de aquel hombre que durante décadas fue sinónimo de personajes entrañables y corpulentos, como el Pedro Picapiedra de carne y hueso o el padre de familia en 'Roseanne', parecía haberse evaporado. Goodman, de 73 años, ha adelgazado más de 90 kilos y, con ellos, parece haber rejuvenecido al menos dos décadas. Su transformación no es solo física: es un ejemplo de reinvención consciente y sostenida, algo muy poco habitual en Hollywood y, aún menos, en hombres de su edad.