Jeques, aristócratas, empresarios, toreros... Los grandes propietarios de Extremadura
De Rafael del Pino al vicepresidente emiratí, Felipe González o los Falcó: el mapa de grandes fortunas, fincas y poder económico en la comunidad que hoy decide su futuro
Mientras Extremadura decide este domingo en las urnas el rumbo de su futuro político, hay quienes siguen el recuento con especial atención desde fincas, palacios rehabilitados o proyectos empresariales asentados en la región. No son votantes anónimos, sino algunos de los apellidos más influyentes del país (famosos o discretos, pero siempre poderosos) que han encontrado en esta comunidad un lugar donde invertir, descansar o arraigar. Desde grandes fortunas como Rafael del Pino a sagas históricas como los Palazuelo, recién llegados al mapa hotelero de Plasencia; desde un nutrido grupo de toreros con dehesas en propiedad a comunicadores como Ana Rosa Quintana o aristócratas del linaje de los Falcó y el marqués de Valdueza, Extremadura es también territorio de intereses cruzados para una élite que hoy estará pendiente del resultado electoral.
Entre los grandes propietarios con intereses en Extremadura destaca una figura que trasciende con mucho el ámbito empresarial o deportivo. El jeque Mansour bin Zayed al Nayan, vicepresidente de Emiratos Árabes Unidos, miembro de la familia real de Abu Dabi y propietario del Manchester City desde 2008, es dueño de una de las mayores fincas privadas de la región. Su nombre ha vuelto recientemente a la actualidad internacional tras una investigación del New York Times, que lo describe como el "manejador" que dirige las guerras secretas de su país en el extranjero. Mucho antes de ese foco mediático, en 2016, su desembarco en el sur de Badajoz ya causó sorpresa cuando se hizo pública la compra de Los Quintos de San Martín, una finca de 8.200 hectáreas situada en el término municipal de Valencia de las Torres, un municipio de apenas 700 habitantes.
La operación, adelantada entonces por el 'Hoy', estuvo rodeada de un hermetismo absoluto (se habló de una cifra cercana a los 55 millones de euros, nunca confirmada) y supuso el cambio de manos de una explotación histórica, hasta entonces propiedad de la familia Mora-Figueroa. Cruzada por el río Matachel y compuesta por 14 cortijos, la finca ha sido tradicionalmente un enclave de alto valor cinegético y medioambiental, escenario de cacerías a las que asistieron figuras como Juan Carlos I, Emilio Botín o los llamados 'Albertos', además de otros jeques árabes. Mansour bin Zayed no solo mantiene la propiedad sino que continúa gestionándola a través de una estructura propia que se publicita en España mediante la web losquintos.net, donde se ofertan servicios vinculados a la explotación agrícola, ganadera y cinegética de la finca.
Otro de los grandes nombres del poder económico con intereses consolidados en Extremadura es Rafael del Pino, presidente de Ferrovial y una de las mayores fortunas del país. En la comarca cacereña de Las Villuercas, concretamente en el término municipal de Berzocana, posee la finca Los Estanquillos, un enclave de unas 750 hectáreas adquirido en 2004 y convertido desde entonces en su refugio personal de fin de semana. Rodeada de alcornoques, encinas y castañares, en plena dehesa extremeña, la propiedad destaca tanto por su valor medioambiental como por su potencial cinegético. Del Pino, apasionado de la caza mayor, mandó construir un helipuerto que le permite desplazarse desde Madrid en poco tiempo. Extremadamente discreto, apenas se le ve en el pueblo, salvo en misa, y mantiene una relación mínima con el entorno social, incluso con otros grandes propietarios de fincas cercanas.
Precisamente entre esos vecinos poderosos figura el inversor Jaime Bergel Sainz de Baranda, responsable en España del fondo Harvard Investment Group Capital y padre de Luisa Bergel, íntima amiga de Tamara Falcó. Aunque su perfil público es mucho más bajo que el de otros propietarios de la zona, su nombre aparece vinculado tanto al mundo de la inversión internacional como al universo social madrileño, del que sus hijas forman parte destacada.
Mención aparte merece la gran finca del enigmático industrial José María Aristrain. Este empresario vasco, asiduo en las listas Forbes con un patrimonio que ronda los 1.000 millones de euros amasado en el sector siderúrgico, es quizás el gran terrateniente más misterioso de la región. En el término de Alía (Cáceres), lejos de cualquier foco, ha ido tejiendo silenciosamente un coto privado colosal. Su Valdepuercas, ya de por sí inmensa, no deja de crecer y las últimas estimaciones aseguraban que había reunido ya 18.000 hectáreas dedicadas a la caza, consolidándose como uno de los mayores cotos de España.
La ruta de grandes fortunas sigue por la comarca de Las Villuercas con otros dos nombres habituales en los círculos del poder económico. Uno es Claudio Aguirre, primo de Esperanza Aguirre y CEO de Altamar Capital Partners, que cuenta con una finca en este enclave cacereño convertido desde hace años en refugio de altos ejecutivos y antiguos dirigentes políticos. El otro es Leandro Sigman, hijo del magnate argentino Hugo Sigman, fundador del grupo farmacéutico Insud, que en 2016 adquirió La Granja de Mirabel, una histórica finca palacio situada en el término municipal de Guadalupe. Con casi 600 hectáreas y una casa señorial del siglo XIV declarada Bien de Interés Cultural, la propiedad (que llegó a acoger a los Reyes Católicos y fue Monumento Nacional desde 1931) había pertenecido a Liberbank tras un embargo y está muy próxima a la residencia extremeña de Felipe González, amigo personal de la familia Sigman. Está dedicada a la explotación forestal y cinegética.
Porque si hay un nombre indisociable del mapa de poder en Extremadura es el de Felipe González. El expresidente del Gobierno encontró en Cáceres el escenario ideal para un retiro que conecta con una larga tradición histórica: no muy lejos del Monasterio de Yuste, donde Carlos V alivió en silencio sus males y sus derrotas, y a escasos kilómetros del Monasterio de Guadalupe, santuario clave desde la Edad Media, González adquirió en 2012 la finca El Penitencial. Se trata de una propiedad de unas 120 hectáreas con una vivienda de alrededor de 600 metros cuadrados, situada en un entorno de exuberante vegetación dentro de la comarca de Villuercas-Ibores-Jara, hoy reconocida como Geoparque Mundial por la Unesco. Allí pasa buena parte su tiempo junto a su esposa, Mar García Vaquero. Hace unos años, el yerno de González, Eric Bergasa, intentó poner en marcha una casa rural en el entorno, un proyecto que, sin embargo, quedó truncado por el impacto de la pandemia.
Junto a estas fortunas llegadas de fuera, Extremadura sigue siendo también territorio natural de grandes familias históricamente ligadas a la región. Es el caso de los Álvarez de Toledo, titulares del marquesado de Valdueza, que mantienen en Perales del Puerto la finca Perales de Valdueza, un proyecto agroalimentario convertido en referencia nacional. Desde allí producen algunos de los aceites de oliva virgen extra más reconocidos de España, además de vinos de alta gama, combinando tradición nobiliaria, innovación y una firme apuesta por la sostenibilidad y el entorno rural extremeño. El marqués de Valdueza ha defendido siempre la dehesa como un ecosistema vivo y productivo, situando a Extremadura en el mapa gourmet internacional sin renunciar a sus raíces.
Otro apellido inseparable del patrimonio extremeño es el de los Falcó. La familia conserva en copropiedad el Palacio de Mirabel, una de las joyas arquitectónicas de Plasencia, construido en el siglo XV y declarado Bien de Interés Cultural. De origen renacentista y con un claustro considerado entre los más bellos de Extremadura, el palacio sigue siendo hoy un símbolo del peso histórico de la aristocracia en la región y del vínculo que estos linajes mantienen con su pasado. Aunque su uso es principalmente patrimonial y residencial, el edificio forma parte del imaginario cultural placentino y recuerda que, más allá de inversiones recientes, Extremadura ha sido durante siglos escenario y hogar de algunas de las grandes casas de España. Fernando Falcó mantuvo durante años en la zona la Finca Valero, que vendió poco antes de la pandemia al doctor Víctor Madera.
Si hay un oficio que ha encontrado en la dehesa extremeña algo más que un escenario de descanso, es el toreo. En un radio de apenas cincuenta kilómetros desde la capital, se concentra una generación dorada que, entre triunfo y triunfo, ha echado raíces como ganadera. Julián López ‘El Juli’, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante gravitan en el entorno de Olivenza; Antonio Ferrera entre Villar del Rey y La Roca de la Sierra; y el joven José Garrido, ya desde la vecina Estremoz. Detrás de los éxitos en las plazas, sus nombres están ligados a fincas como El Freixo, Los Cansaos, Los Arrifes, Los Almorchones o La Marinela. El Litri vendió su finca 'Los Guateles', en Aliseda (Cáceres) hace años al empresario mexicano Alberto Bailleres, en una transacción millonaria que incluía la ganadería de toros bravos de la finca.
Pero no son solo las grandes fortunas o los toreros quienes apuestan por la región. Recientemente, los hermanos de la duquesa de Huéscar, Fernando y Jaime Palazuelo (que se acaba de unir formalmente al proyecto), han marcado su propio hito en el mapa de Extremadura con la apertura del Palacio de Godoy, un hotel de lujo de cinco estrellas bajo la marca Hilton en el corazón monumental de Cáceres. Este proyecto, impulsado principalmente por Fernando, ha supuesto una inyección millonaria y una profunda rehabilitación del histórico edificio del siglo XVI, mandado construir por el conquistador Francisco Godoy tras hacer fortuna en Perú. Tras años de obras, el establecimiento abrió a tiempo para la boda de Fernando con Micaela Belmont el pasado mes de octubre.
Todos estos nombres se suman a otros tan conocidos como los de Juan Abelló, Ana Rosa Quintana o Alejandro Sanz. Todos ellos cuentan con propiedades en la zona y estarán pendientes de un resultado que no solo determinará el rumbo político de Extremadura, sino también el marco económico, fiscal y normativo en el que se desarrollan muchos de estos proyectos. Para estos nombres de la élite, lo que se decida en las urnas no es una cuestión lejana, sino un factor con impacto directo en sus intereses asentados en la región.
Mientras Extremadura decide este domingo en las urnas el rumbo de su futuro político, hay quienes siguen el recuento con especial atención desde fincas, palacios rehabilitados o proyectos empresariales asentados en la región. No son votantes anónimos, sino algunos de los apellidos más influyentes del país (famosos o discretos, pero siempre poderosos) que han encontrado en esta comunidad un lugar donde invertir, descansar o arraigar. Desde grandes fortunas como Rafael del Pino a sagas históricas como los Palazuelo, recién llegados al mapa hotelero de Plasencia; desde un nutrido grupo de toreros con dehesas en propiedad a comunicadores como Ana Rosa Quintana o aristócratas del linaje de los Falcó y el marqués de Valdueza, Extremadura es también territorio de intereses cruzados para una élite que hoy estará pendiente del resultado electoral.