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De 'Aserejé' a Sanremo: el regreso inesperado de Las Ketchup (y la nostalgia milenial) a un escenario internacional
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NOSTALGIA 2000

De 'Aserejé' a Sanremo: el regreso inesperado de Las Ketchup (y la nostalgia milenial) a un escenario internacional

El trío cordobés que convirtió un estribillo ininteligible en fenómeno global actúa en el Festival de Sanremo junto a Elettra Lamborghini, símbolo de cómo la nostalgia dosmilera ha transformado el pop ligero en patrimonio cultural

Foto: Las Ketchup, en una foto de sus redes. (Instagram / @lasketchup_official)
Las Ketchup, en una foto de sus redes. (Instagram / @lasketchup_official)

En algún lugar entre la verbena de pueblo y la pista de una discoteca, entre una boda y un karaoke, hay una canción que siempre vuelve. Suena el primer "aserejé ja de je" y nadie necesita recordar la coreografía. El cuerpo la ejecuta solo. Lo que durante años fue asociado al 'kitsch', a un fenómeno pasajero o a un meme antes de que existiera la palabra, Las Ketchup pisan uno de los escenarios más solemnes de la música italiana. Ni más ni menos que el del Festival de Sanremo.

Casi 24 años después de su lanzamiento, el trío cordobés actuará en el homólogo al Benidorm Fest, ese certamen que Italia reserva históricamente a la canción de autor y al prestigio musical y que marca el ritmo al que bailará el siguiente año. Lo harán en la tradicional 'serata cover', una noche dedicada a duetos y homenajes que no participan en la carrera por ser el representante del país mediterráneo en Eurovisión.

Será acompañando a la cantante Elettra Lamborghini, heredera del imperio automovilístico y figura habitual de la televisión, con una nueva versión de su canción debut. Algo que demuestra, una vez más, cómo 'Aserejé' pasó de ser una canción pegadiza y festiva a un clásico transversal.

En Spotify, acumula cerca de 300 millones de reproducciones. En YouTube, donde el vídeo oficial circula en versiones no siempre oficiales, el clip más visto roza los 500 millones en apenas siete años. Fue número uno en más de 20 países, vendió más de siete millones de copias y logró certificaciones de platino y diamante en mercados tan diversos como Francia, Reino Unido o Australia. Llegó incluso al videojuego de baile 'Just Dance', confirmando que su coreografía había trascendido la radio para instalarse en el imaginario de varias generaciones. Y así sigue.

Pero más allá de las cifras —que impresionan—, hay otro termómetro más fiable: la resistencia popular. Una canción que sobrevive a las modas y sigue animando cualquier verbena de pueblo tiene algo de clásico. No importa si su letra nació del balbuceo fonético de 'Rapper’s Delight' ni si durante meses fue objeto de teorías absurdas sobre mensajes satánicos. 'Aserejé' fue un juego, cuyo estribillo imposible sobrevivió al paso del tiempo convertido en himno global.

De fenómeno fulminante a objeto de culto

La historia de Las Ketchup es atípica en la industria musical española. Mientras la mayoría de artistas construyen su carrera paso a paso, Pilar, Lola y Lucía Muñoz —hijas del guitarrista flamenco Juan Manuel Muñoz, conocido como 'El Tomate', de ahí su nombre artístico— debutaron con un éxito que lo eclipsó todo. La canción compuesta por Manuel Ruiz, alias 'Queco', las lanzó a una dimensión que pocas carreras alcanzan. En cuestión de semanas pasaron de la vida cotidiana en Córdoba a actuar ante miles de personas en recintos europeos.

placeholder Las Ketchup, en una actuación en 2002. (Getty)
Las Ketchup, en una actuación en 2002. (Getty)

El impacto fue tan inmediato como desbordante. Shows multitudinarios, galas internacionales, premios —entre ellos un Ondas como artista revelación y varios galardones en los Billboard Latinos— y una coreografía replicada en colegios, cruceros y programas de televisión de medio mundo. El ascenso fue vertiginoso.

En 2006 representaron a España en Eurovisión con 'Un Blodymary', una experiencia que no alcanzó la misma repercusión y que el propio grupo ha reconocido como compleja. Después, la exposición pública disminuyó. No hubo ruptura, pero sí una retirada progresiva del foco mediático. Volvieron esporádicamente a escenarios nostálgicos, reaparecieron en festivales dedicados a los noventa y los dos mil, y desde 2019 retomaron la actividad con las tres integrantes originales.

Lo interesante es que, mientras su presencia mediática se diluía, la canción no desaparecía. Al contrario. Las reproducciones en plataformas digitales han crecido en paralelo al auge de los festivales temáticos dedicados a los 2000 —como Love The Twenties—, donde miles de personas pagan entrada para revivir aquella década dorada.

Sanremo, el templo de la legitimación

El Festival de Sanremo no es un festival cualquiera. Celebrado en el Teatro Ariston, en la ciudad de Liguria, es el certamen que inspiró la creación de Eurovisión y que cada año paraliza a Italia durante una semana. Del 24 al 28 de febrero se celebrará su edición de 2026, y la 'serata cover' —el viernes 27— volverá a ser uno de los momentos más comentados. Los artistas en competición reinterpretan clásicos italianos o internacionales acompañados de invitados especiales. Los resultados de esa noche no influyen en la clasificación final, pero el peso simbólico es enorme.

En ese contexto, que una artista italiana como Elettra Lamborghini elija 'Aserejé' como homenaje es, cuanto menos, significativo. En una época donde los remix están a la orden del día, la reunión de estas artistas no se trata de una parodia, sino de la reincorporación de un hit español al repertorio mundial. Como un segundo empujón. Y hacerlo en un escenario con tanto peso histórico es una forma de legitimación.

Sanremo ha sido tradicionalmente el escaparate más importante de la industria musical italiana, y de paso de otras nacionalidades que han querido dejar huella con algún participante, como Ana Mena hace un par de ediciones. Que un tema nacido como éxito veraniego entre en ese escenario habla de un cambio cultural más amplio. El pop festivo ya no ocupa el lugar marginal de lo ligero.

La nostalgia como industria y como identidad

La revalorización de los dos mil no es un fenómeno aislado. Grupos como La Oreja de Van Gogh han vuelto a llenar recintos; Amaral ha regresado a los escenarios; Melendi ha encadenado giras centradas en sus primeros éxitos con entradas agotadas durante años. Al mismo tiempo, artistas emergentes como Hens o Pole. recuperan la guitarra eléctrica y el sonido de aquella década sin complejos.

placeholder Las Ketchup, durante la presentación de la programación navideña de RTVE. (Europa Press)
Las Ketchup, durante la presentación de la programación navideña de RTVE. (Europa Press)

Las plataformas de streaming han confirmado el fenómeno. Las canciones de principios de siglo aumentan sus reproducciones y se integran en listas generacionales que funcionan como cápsulas de memoria. No se trata solo de recordar, sino de reafirmar una identidad compartida. La generación que bailó 'Aserejé' en fiestas de pueblo hoy consume nostalgia como experiencia premium.

En ese ecosistema, la actuación en Sanremo funciona como la constatación de que el pop dosmilero ha atravesado el filtro del tiempo. Incluso artistas contemporáneas, como la puertorriqueña Young Miko, han incorporado el estribillo y la coreografía en nuevas canciones, integrando el legado en el presente.

'Aserejé' nació como un juego fonético inspirado en 'Rapper’s Delight' y terminó siendo una de las canciones españolas más reconocibles internacionalmente, junto a 'Macarena', de Los del Río. Pero, a diferencia de muchos fenómenos estivales, no se agotó en su temporada. Sobrevivió al cambio de formato —del CD al streaming—, al paso de los años y al desgaste mediático.

En algún lugar entre la verbena de pueblo y la pista de una discoteca, entre una boda y un karaoke, hay una canción que siempre vuelve. Suena el primer "aserejé ja de je" y nadie necesita recordar la coreografía. El cuerpo la ejecuta solo. Lo que durante años fue asociado al 'kitsch', a un fenómeno pasajero o a un meme antes de que existiera la palabra, Las Ketchup pisan uno de los escenarios más solemnes de la música italiana. Ni más ni menos que el del Festival de Sanremo.

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