Es noticia
Menú
Cuando la moda entra en casa: el fenómeno de las familias divididas por las firmas de lujo
  1. Estilo
  2. Moda
MODA & BELLEZA

Cuando la moda entra en casa: el fenómeno de las familias divididas por las firmas de lujo

Hoy un mismo árbol genealógico puede ser territorio Chanel, Dior y cualquier otra casa simultáneamente. Y todo apunta a que veremos aún más casos en los próximos años

Foto: En los Fashion Awards en Londres (EFE)
En los Fashion Awards en Londres (EFE)

En la industria de la moda siempre hemos visto rivalidades entre maisons. Chanel contra Dior, Louis Vuitton contra Gucci, Saint Laurent contra Celine… Pero lo que quizá no esperábamos es que esas tensiones –tradicionalmente comerciales– empezaran a colarse en los árboles genealógicos de las celebrities. Sí: la moda ha entrado en las familias, y lo ha hecho por la puerta grande. En los últimos años, se ha multiplicado un fenómeno tan curioso como revelador: miembros de un mismo clan convertidos en embajadores oficiales de marcas rivales, compartiendo apellido, cenas de Navidad… y contratos con maisons competidoras.

La última chispa que ha encendido el debate viene de la mano de Chanel, inmersa en una nueva etapa tras la llegada de Matthieu Blazy a la dirección creativa. La maison francesa, que busca refrescar su imaginario y conectar con una generación más joven y global, ha fichado como nuevo embajador al rapero A$AP Rocky, icono de estilo y referente cultural para el público al que Chanel quiere seducir, un embajador también de la anterior firma en la que trabajaba Blazy, Bottega Veneta. Hasta ahí, todo normal: la moda vive de la renovación constante de sus musas.

Lo realmente llamativo es lo que ocurre cuando ampliamos el foco y miramos a su unidad familiar. A$AP Rocky es pareja de Rihanna, y la cantante de Barbados es nada menos que imagen del perfume J’Adore de Dior, una de las fragancias más emblemáticas de la casa rival. Si Chanel y Dior representan desde mediados del siglo XX dos polos opuestos del lujo francés –uno más clásico y arquitectónico, el otro más sensual y teatral–, hoy esos dos mundos se encuentran… en el mismo salón de casa.

placeholder ASAP Rocky y Rihanna (EFE EPA JUSTIN LANE)
ASAP Rocky y Rihanna (EFE EPA JUSTIN LANE)

Resulta inevitable imaginar la escena: un contrato nuevo sobre la mesa, el teléfono vibrando con llamadas de dos departamentos de comunicación que, en teoría, no deberían mezclarse, y una familia que por pura lógica tendrá armarios donde conviven tweed y dorados, camelia y couture, Gabrielle y Monsieur Dior. Una convivencia fashion que hace veinte años habría parecido imposible.

Pero el caso de Rihanna y A$AP Rocky no es una excepción aislada. De hecho, si hay una familia que ha convertido el fenómeno en casi un caso de estudio sociológico, esa es la Casa Grimaldi.

Por un lado está Carolina de Mónaco, icono absoluto de Chanel, un vínculo casi sagrado que se remonta a los tiempos de Karl Lagerfeld. Su hija Carlota de Mónaco heredó no solo su elegancia, sino el mismo romance estilístico con la maison: hoy es una de sus embajadoras globales y una de las figuras más respetadas en su front row. Y justo al otro lado del mismo árbol genealógico… Dior.

placeholder Beatrice y Carlota en Monaco (EFE)
Beatrice y Carlota en Monaco (EFE)

Beatrice Borromeo, esposa de Pierre Casiraghi, se ha convertido en una de las embajadoras más potentes de la maison dirigida por Jonathan Anderson. Desde 2021, Dior la viste en prácticamente todas sus apariciones institucionales, convirtiéndola en una suerte de “reina no coronada” del universo Dior. La imagen es maravillosa: una comida familiar en Mónaco en la que Chanel y Dior conviven en armonía, aunque probablemente evitando la pregunta prohibida: “¿y tú a cuál desfile vas este año?”

Si cruzamos el Atlántico, encontramos otro caso que combina glamour hollywoodiense y fidelidad histórica a las maisons: la familia Depp–Paradis.

Johnny Depp es desde hace años el rostro del perfume Sauvage de Dior, probablemente el lanzamiento masculino más rentable de la industria en la última década. Dior ha mantenido su contrato incluso en momentos mediáticamente complicados, reforzando hasta el extremo la asociación entre actor y fragancia.

Mientras tanto, en la otra mitad del clan, Chanel domina el territorio. Vanessa Paradis, musa eterna de la maison desde los años 90, ha mantenido una relación casi familiar con la firma. Y su hija, Lily-Rose Depp, ha heredado este legado hasta convertirse en una de las embajadoras más visibles de Chanel desde 2015. El resultado es de manual: padre Dior, madre e hija Chanel. Tres contratos, dos maisons rivales, un solo apellido.

El caso más inesperado, quizá por venir de una familia que siempre ha llevado la discreción por bandera, es el de Nicole Kidman y su hija Sunday Rose.

Nicole es un rostro histórico de Chanel Nº5, y en los últimos años la maison ha vuelto a situarla en su primera fila, reivindicando su papel como embajadora multigeneracional. Sunday Rose, sin embargo, está tomando un camino distinto: la joven ha aparecido en red carpets vestida por Dior y ha participado incluso en acciones vinculadas a la marca. Chanel vs Dior, versión madre-hija.

Y una evidencia clara: la moda ya no ficha a familias enteras, sino a individuos con mundos propios, incluso dentro del mismo hogar.

¿Qué está pasando?

En un momento en el que la comunicación de las marcas depende tanto de la autenticidad como de la influencia, las firmas buscan perfiles absolutamente singulares, y la pertenencia a un clan famoso ya no implica una estética común. Las familias de celebrities funcionan como microcosmos culturales donde conviven estilos, discursos y públicos distintos. Y las maisons lo saben: fichar a dos miembros del mismo linaje, aunque representen valores opuestos, multiplica la visibilidad y, curiosamente, no genera conflicto. Más bien al contrario: aporta matices.

Eso sí, en estas familias las cenas de Navidad prometen ser memorables. Está claro que allí no se podrá hablar ni de política, ni de religión… ni, desde luego, de moda. Para evitar tensiones, mejor brindar con champán y guardar los logos bajo la mesa. Aunque, seamos realistas: con estas sagas, incluso eso sería imposible.

En la industria de la moda siempre hemos visto rivalidades entre maisons. Chanel contra Dior, Louis Vuitton contra Gucci, Saint Laurent contra Celine… Pero lo que quizá no esperábamos es que esas tensiones –tradicionalmente comerciales– empezaran a colarse en los árboles genealógicos de las celebrities. Sí: la moda ha entrado en las familias, y lo ha hecho por la puerta grande. En los últimos años, se ha multiplicado un fenómeno tan curioso como revelador: miembros de un mismo clan convertidos en embajadores oficiales de marcas rivales, compartiendo apellido, cenas de Navidad… y contratos con maisons competidoras.

Tendencias