La mansión de Silvita Tortosa en Puerta de Hierro, vendida dos años después de su muerte
Ana Congost, la mayor heredera de Silvia Tortosa, ha conseguido vender esta vivienda en la exclusiva urbanización de Puerta de Hierro valorada en torno a los 2 millone de euros
El 23 de marzo de 2024, el mundo del teatro, el cine y la televisión decía adiós a uno de sus personajes más ilustres del siglo XX, Silvia Tortosa. La actriz fallecía a los 77 años en Barcelona. Su muerte no estuvo exenta de polémica: con una fortuna que rondaba los 6 millones de euros, todo fue a parar a sus amigos, la familia de uno de sus exmaridos (Charles Davis) y a la congregación religiosa Hermanitas de los Pobres en Barcelona.
Nada en cambio para Carlos Cánovas, su último marido, cuya relación había llegado a su fin antes de morir a raíz de una presunta infidelidad por parte de este que sumió a la artista en una profunda depresión en los últimos meses de su vida. Ana Congost, su amiga y heredera más mediática, fue la más beneficiada del testamento de Silvia Tortosa, quedándose, entre otras muchas cosas, con la joya de la corona de sus bienes inmobiliarios: una mansión en la exclusiva urbanización madrileña de Puerta de Hierro valorada en cerca de 2 millones de euros.
Un bien inmueble que, tal y como ha contado la propia Ana Congost en una entrevista en ‘Y ahora Sonsoles’ de Antena 3, ha conseguido vender casi dos años después de la muerte de la actriz. “La famosa casa lleva ya tres meses vendida”, decía en exclusiva para el programa, noticia que no había trascendido en todos estos meses que la mansión tiene ya otros propietarios. “Los que la han comprado están entusiasmados y me han dicho que notan las buenas vibraciones que hubo allí”.
Puerta de Hierro dejó de ser el nombre de una de las históricas puertas de la capital a la de una exclusiva urbanización en los años 70. Desde allí, las grandes fortunas tienen acceso al centro de Madrid, pero sin necesidad de vivir en el bullicio que tanto la caracteriza. Allí se establecieron los condes de Barcelona, la infanta Pilar, el presidente argentino Juan Domingo Perón durante los años de su exilio en España y, mucho más tarde, una de sus vecinas más ilustres, Isabel Preysler.
Esta casa de casi 400 metros cuadrados se distribuía en cuatro plantas y un jardín y contaba con algunos lujos como piscina. En la planta baja se dispuso un apartamento perfectamente equipado en el que vivió una temporada la madre de la última pareja sentimental de la actriz, Carlos Cánovas.
A Tortosa le gustaban las casas grandes, "como a todo el mundo", y se la pudo permitir "con mucho trabajo y ahorrando siempre, como una hormiguita y como buena catalana que soy", decía la propia Silvia Tortosa para el suplemento ‘Su vivienda’ en el año 2007, cuando abrió las puertas de su casa para un reportaje exclusivo.
"Tener espacio para disfrutarlo me parece importante, para estar a gusto y para disfrutar de él con tu gente, que es lo más importante. Yo no soy muy de salir, prefiero que vengan mis amigos a casa", decía. Esta mansión, tal y como contó un experto en el sector inmobiliario de alta gama para ‘Vanitatis’, puede superar en el mercado inmobiliario los dos millones de euros, “aunque depende del estado de conservación de la vivienda".
Ana Congost no considera que todo lo que heredó de su buena amiga Silvia Tortosa sea una “herencia envenenada” como muchos han querido tildarla. “No es una herencia envenenada. Hacienda está por en medio porque no éramos familia, pero no puedo decir que sea una herencia envenenada”.
Esta no era la única propiedad inmobiliaria que había en la herencia de Silvia Tortosa. Gracias a su exitosa carrera, la actriz había adquirido también otras propiedades en Barcelona, Londres, Washington, Baltimore, Maryland y Miami Beach. Todas las ubicadas en América fueron a parar, según recoge su testamento y explica ahora también su heredera, a la familia de uno de los exmaridos de Silvia Tortosa. “Toda la herencia de América es solo para la hermana de Charles. La familia de David no tiene nada”.
Ana Congost heredó también, entre otras muchas cosas, el nicho en el que descansan los restos mortales de la propia Silvia Tortosa en el Cementerio de Montjuïc. “Yo he heredado todo. Hasta su tumba en el cementerio de Montjuïc”, donde asegura que será enterrada también ella misma, cuando llegue el momento, tal y como le prometió a su amiga en vida. “Silvia era muy espiritual y hablábamos de vez en cuando de la muerte. Me voy a enterrar con ella. Se lo prometí. Le dije que la acompañaría”.
Su albacea y heredera universal recuerda que Silvia Tortosa murió sufriendo una fuerte depresión por cómo terminó su relación con su último marido, Carlos Cánovas, pero nunca padeciendo la enfermedad que le costó la vida: un cáncer de mama que le hizo metástasis en el hígado. Una enfermedad de la que no supo antes de morir: “Sabéis que ella murió sin saber que tenía cáncer y yo me enteré cuatro o cinco días antes”.
El 23 de marzo de 2024, el mundo del teatro, el cine y la televisión decía adiós a uno de sus personajes más ilustres del siglo XX, Silvia Tortosa. La actriz fallecía a los 77 años en Barcelona. Su muerte no estuvo exenta de polémica: con una fortuna que rondaba los 6 millones de euros, todo fue a parar a sus amigos, la familia de uno de sus exmaridos (Charles Davis) y a la congregación religiosa Hermanitas de los Pobres en Barcelona.