Acaba de llegar a Filmin: la película que tiñó de luto a Estados Unidos por la muerte de una gran estrella
La película fue uno de los grandes éxitos de 1937 a causa de la muerte de su protagonista a los 26 años. La historia de cómo llegó a los cines se convirtió en un ejemplo de cómo seguir adelante con una producción tras una terrible tragedia
El 7 de junio de 1937, los periódicos de Estados Unidos no hablaban de otra cosa. Jean Harlow, la primera rubia platino de la historia del cine, una estrella mayor del cosmos de Hollywood, había muerto con tan solo 26 años. Joven y dejando un bonito cadáver. Hasta Leadbelly, un conocido músico, le dedicó una canción que comenzaba diciendo: "Jean Harlow died the other day".
Una infección renal se había llevado al otro mundo a una actriz que protagonizó escándalos y también sufrió los prejuicios de la imagen que el estudio, la Metro-Goldwyn-Mayer, le impuso a toda costa: la de la vampiresa cazahombres, deslenguada y algo vulgar. "No te preocupes. Las rubias nunca se arruinan", decía uno de sus personajes.
Unos días antes de morir, la joven estrella se dio cuenta de que estaba enferma rodando una secuencia de Saratoga, que a la postre sería su última película y que estos días acaba de estrenarse en Filmin, tras estar años descatalogada en DVD.
En mitad del plató, la rubia oxigenada se desplomó en los brazos de su partenaire, Clark Gable (para que los más jòvenes del lugar nos entiendan: el Rhett Butler de Lo que el viento se llevó), y aquel desmayo repentino alertó de que algo malo estaba ocurriendocon su salud. En unos tiempos en los que la diálisis era un como ir a la luna, falleció a los pocos días a causa de una insuficiencia renal.
Con su ocaso, se dispararon rumores para todos los gustos: desde que su madre, fanática seguidora de la Iglesia Episcopaliana, no había permitido que la tratase un médico hasta que fue demasiado tarde, hasta que le habían practicado un aborto que se le acabó yendo de las manos a los señores médicos. Al fin y al cabo, Harlow había vivido siempre entre cotilleos infundados y ataques de la prensa sensacionalista, que encontró en ella la carnaza perfecta para sus historias de portadas basura y relatos baratos.
Jean Harlow inició la tendencia en pestañas que triunfa hoy en día. (Getty)
La verdad era la que era, el icono había muerto y la primera cuestión que se planteó el estudio fue obvia: ¿debían cancelar el estreno de Saratoga? ¿podrían volver a rodar las secuencias en las que aparecía Harlow con Jean Arthur?
Esta última fue una de las ideas que se le pasaron por la cabeza a Louis B.Mayer, el jefazo del estudio, que fue uno de los más compungidos en la misa funeral a la que acudieron desde William Powell, que por aquella época salía con ella, hasta el último barrendero de la Metro.
Todo el mundo quería a Jean y el propio entierro parecía una de las superproducciones que se rodaban en los platós de Hollywood, ya que por haber hubo incluso actuación musical de dos luminarias Metro: Jeanette Mcdonald y Nelson Eddy, que interpretaron en su honor 'Oh, sweet mystery of life'.
Todo era poco para cerrar el telón de la rubia que, trabajando de sol a sol (seis días a la semana y los domingos dedicados al peluquero y a adquirir ese color de cabello que la haría inmortal), había dado tan buenos dividendos a la MGM. La gallina de los huevos de oro debía ser despedida con una logística de nivel.
Clark Gable, Jean Harlow y un caballo, los ingredientes de 'Saratoga'. (CP)
Los cientos de cartas de fans que llegaron días después le dieron una diáfana respuesta a Mayer: el público quería ver la última película de su estrella favorita y no iba a permitir que se guardase en un cajón o que se la sustituyese por otra actriz.
El equipo se puso manos a la obra: contrataron a una doble, Mary Dees, para alguna secuencia que a la pobre difunta no le había dado tiempo a rodar, y cambiaron el guion para reducir en lo posible la presencia de Harlow.
El resultado fue un tanto lamentable, como todo usuario de Filmin puede comprobar estos días. Los momentos en los que el personaje de Harlow, que en la cinta encarna a una rica heredera que trata de ganarle la hipoteca de la finca de su padre a un corredor de apuestas de caballos (Gable), está personificado por la doble, son dolorosamente obvios.
Cuando la sustituta aparece de espaldas, con unos prismáticos o luciendo una enorme pamela, el espectador es plenamente consciente de que le están dando gato por liebre, del truco, de que la Harlow no está en pantalla.
Walter Pidgeon, Jean Harlow y Clark Gable, un trío de lujo. (CP)
Averiguar en qué secuencias está y en cuáles no se convirtió en un juego para los que iban a ver la película, en cuyo rodaje también sufrió un percance el veterano Lionel Barrymore. El malvado señor Potter de ¡Qué bello es vivir!se enganchó la pierna con una cuerda y tuvo que pasarse varios meses en reposo. Años después, lo veríamos postrado en una silla de ruedas a causa de la poleomelitis, otra enfermedad que, como la infección renal, es inofensiva hoy en día.
Una vida de escándalos
Protagonista de Cena a las ocho (1933) o Mares de China (1935), Jean Harlow fue (con permiso de Mae West) el gran símbolo sexual de los 30 y encarnó como nadie cierta vulgaridad cien por cien americana perfecta muy hábil para la comedia.
Si bien fue una de las estrellas top de la Metro, también fue uno de los personajes predilectos de la crónica rosa de aquel tiempo. Un 4 de septiembre de 1932, cinco años antes de su propia muerte, había sido noticia en los tabloides por el suicidio del que era su marido, el productor Paul Bern.
Harlow, en una foto de estudio. (CP)
Hasta la casa de Benedict Canyon llegaron los magnates más significativos de la meca del cine: Louis B. Mayer y David O. Selznick. Una nota que Bern había dejado días antes fue convenientemente colocada para que quedase a la vista de los policías.
“Queridísima amada: Al parecer este es el único modo de recompensarte por todo lo malo que te he hecho y para limpiar mi humillación. Te quiere, Paul. Entenderás que lo de ayer fue fingido”, rezaba.
Al parecer, Paul tenía a otra mujer en Connecticut de la que no había podido 'deshacerse'. Se llamaba Dorothy Millet, era aspirante a actriz y sus problemas mentales la habían llevado a un psiquiátrico. Lo peor del asunto es que seguía haciéndole chantaje emocional a Bern.
Gable y Harlow, pareja de oro. (CP)
Los vigilantes de la moral, que ya perseguían las películas de Jean Harlow por su imagen de rubia alegre y desprejuiciada, cargaron de nuevo contra ella. En su cabeza, ella era la gran culpable de la tragedia, la mujer que había llevado al suicidio a su propio marido. Si el estudio pretendía protegerla fingiendo las razones de aquella muerte, había conseguido justo lo contrario.
Aquel caso fue insólito en Hollywood. En lugar de verse perjudicada por el escándalo, la popularidad de la rubia creció hasta la estratosfera, convirtiendo a su siguiente película, Tierra de pasión, su primer film con Clark Gable, en un enorme éxito de taquilla. Era la primera vez, en el mundo de la prensa amarilla, que una mala noticia beneficiaba, de forma paradójica, a una actriz.
El póster de 'Saratoga'. (Warner)
Con los años, Harlow cimentó su popularidad y su figura, a raíz de su temprana muerte, adquirió la aureola de leyenda.
Aunque a los gen Z no les suene de nada su nombre, en su momento fue la mayor inspiración para Marilyn Monroe y en la década de los 60 se llegaron a rodar hasta dos películas (una de ellas protagonizada por Carrol Baker) sobre su turbulenta vida (la dominación de su madre sobre ella, su padrastro aprovechado, su verdadera personalidad de lectora empedernida y alérgica a las fiestas, opuesta a la que la pantalla le imprimió como una soga al cuello...).
Vista hoy, Saratoga es una cinta algo plomiza, con un batiburrillo de diálogos sobre la hípica que no interesan demasiado y alguna secuencia aislada que funciona como gag cómico (la química entre Gable y Harlow es innegable y la gracia de él cuando está escondido bajo un sofá en el que ella está sentada, disimulando ante un jovenzuelo Walter Pidgeon que casi los descubre juntos, también). Pero a decir verdad, la película es y será siempre Harlow y poco más.
Saratoga fue un taquillazo gigantesco, que en 1937 llevó a muchos espectadores al cine con el morbo de saber en qué secuencias estaba ya enferma la Harlow. Casi 90 años después, ese morbo ya murió hace tiempo, pero no la curiosidad sobre ella, por saber qué habría hecho de vivir más años. Como Valentino o Carole Lombard, otra rubia símbolo de la comedia, Jean Harlow, la joven que supo hacer del sexo algo divertido en la gran pantalla, también enseñó al público que la tragedia y la vida real se imponen, por desgracia, a esa gran mentira que es el cine.
El 7 de junio de 1937, los periódicos de Estados Unidos no hablaban de otra cosa. Jean Harlow, la primera rubia platino de la historia del cine, una estrella mayor del cosmos de Hollywood, había muerto con tan solo 26 años. Joven y dejando un bonito cadáver. Hasta Leadbelly, un conocido músico, le dedicó una canción que comenzaba diciendo: "Jean Harlow died the other day".