La intensa vida de Cristina de Suecia, la reina que nunca quiso casarse y que finalmente abdicó
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La intensa vida de Cristina de Suecia, la reina que nunca quiso casarse y que finalmente abdicó

La reina se negó rotundamente a casarse; algunos historiadores consideran que porque no tenía ningún deseo de ser madre y otros porque no tenía el menor interés en el sexo masculino.

Foto: La reina Cristina de Suecia. (Hulton Fine Art Collection)
La reina Cristina de Suecia. (Hulton Fine Art Collection)

Mujer de carácter y reina por derecho. Extremadamente culta e independiente a tal extremo que se negó rotundamente a casarse; algunos historiadores consideran que porque no tenía ningún deseo de ser madre y otros, y gracias a la correspondencia con una de sus damas de compañía, porque no tenía el menor interés en el sexo masculino. Cristina de Suecia tuvo una vida de lo más agitada, lo que, sin duda, la convierte en un personaje digno de ser recordado. O por las muchas anécdotas que rodearon su vida.

Nació en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626, siendo la única hija que tendrían sus padres, los reyes Gustavo II Adolfo y María Leonor de Brandeburgo. En la mayoría de las monarquías a lo largo de la historia y en virtud de la ley sálica (que entre otros aspectos regulaba la sucesión para los varones, no contemplándose esta para las mujeres) no tener descendencia masculina era un verdadero problema, pero no sucedía así en la 'moderna' Suecia, en la que ya en 1604 el Consejo del Reino había acordado aceptar a una mujer como sucesora en el trono, en el caso de que no naciesen varones, como así sucedió.

Cristina fue designada como heredera del trono con un año de edad, en 1627, y con la condición de que sería desplazada si naciese un hermano. Es curioso esto ya que, si recordamos, Suecia tuvo durante años como heredero del trono al único hijo varón de los actuales reyes Carlos Gustavo y Silvia en detrimento de la primogénita, Victoria. Una clara desigualdad que fue corregida gracias a la presión de grupos feministas ante el Parlamento de Suecia, que logró reformar la Constitución y abolir la ley sálica, estableciendo la ley cognática, que declara que el heredero del trono es el primer hijo que nazca, independientemente de su sexo. Dicha ley entró en vigor en 1980 cuando ya había nacido Carlos Felipe, declarado heredero nada más nacer. Una declaración que poco le duró, ya que la heredera es Victoria y en su día será la cuarta reina por derecho propio del país nórdico.

La reina Cristina de Suecia no tuvo una infancia feliz y buena parte de ello se debió al nulo afecto y cariño que le profesó su propia madre, profundamente enfadada con el mundo por no haber dado un varón a su esposo. La decepción de la reina fue doble, ya que cuando nació la que sería monarca por derecho del país nórdico, los médicos tardaron hasta 24 horas en darse cuenta de que no era un niño, sino una niña. Era tanto el desprecio que la reina consorte tenía por su hija que hasta la dejó caer de sus brazos siendo un bebé, provocándole una deformación en el hombro para el resto de su vida. Cristina perdió a su padre, el rey, a la edad de seis años convirtiéndose en reina bajo la regencia del canciller Oxenstierna. Una vez cumplió los 18 años fue coronada en la ciudad de Upsala el 20 de octubre de 1650.

placeholder Cristina, con 14 años. (Jacob Heinrich Elbfas)
Cristina, con 14 años. (Jacob Heinrich Elbfas)

Cristina de Suecia fue educada como si de un príncipe, en lugar de una princesa, se tratara. Era experta en equitación y esgrima. Recibió una exhaustiva y esmeradísima educación haciendo de ella en su etapa adulta una mujer extremadamente culta (y) que dominaba siete idiomas. Su sed de aprender la acompañó hasta el final de sus días y, uno de de los aspectos que se recuerdan de su vida es su importante labor como mecenas.

Cuando la corona recayó sobre su cabeza, Suecia se había convertido en una gran potencia gracias a la ampliación de sus fronteras, como consecuencia de la larga y agotadora guerra de los Treinta Años. Un conflicto que, por sus características y duración, dejó mermada la economía de todos los países que en él intervinieron, incluida Suecia. La guerra finalizó con la firma del tratado de Westfalia, en 1648, es decir, dos años antes de que Cristina subiera al trono.

La reina recibió una educación acorde a su futuro como monarca titular y para tratar asuntos de Estado. Fue encargado de su instrucción Johannes Mattiae Gothus, un obispo que dejó por escrito mucha información sobre la formación de la futura reina Cristina en materias como filosofía, historia, teología y astronomía. Mattiae documentó la sed de conocimientos de Cristina así como los rasgos de su carácter, un temperamento fuerte, inquieto y ávido de saber. Físicamente era hiperactiva, de complexión gruesa y no muy alta. No le gustaba vestirse como mujer y de hecho lo hacía como hombre. No parecían interesarle ninguna de las actividades que en aquella época eran consideradas propias de las mujeres. Algunas fuentes señalan, a tenor de la correspondencia mantenida con su prima Ebba, la relación más que estrecha que mantenía con ella.

Su interés por la cultura y la filosofía la llevó a tener una larga y fructífera relación de amistad con Descartes. Tanto es así que el filósofo se trasladó a vivir a la corte, muriendo allí cinco meses después de su llegada al no superar una neumonía.

Su reinado

Heredó un reino con problemas financieros por la mencionada guerra de los Treinta Años, pero tampoco fue una reina que se preocupó en demasía por recortar gastos y mucho menos si se trataba de favorecer las artes. Como anécdota cabe recordar que, si hoy día disfrutamos del cuadro de Durero 'Adán y Eva' en el Museo del Prado, es porque la reina Cristina se lo regaló a su coetáneo, el rey Felipe IV de España.

placeholder La reina Cristina. (Jacob Ferdinand Voet)
La reina Cristina. (Jacob Ferdinand Voet)

En 1647 el Consejo del Reino comenzó a preocuparse por el hecho de que la soberana no tenía planes de matrimonio, por lo que la instó de manera oficial para que tomara una decisión que garantizase la sucesión y la continuidad de la dinastía. Ella se tomó su tiempo y no fue hasta dos años más tarde cuando contestó algo que les debió de dejar perplejos a los consejeros: que no pensaba casarse. Al fin y al cabo, la dinastía estaba asegurada en la figura del heredero, el príncipe Gustavo, primo de la reina.

No era la primera soberana europea en tomar esa decisión. Un siglo antes, la reina Isabel I de Inglaterra se había negado también a contraer matrimonio. Los nobles suecos, lógicamente, no se tomaron muy bien la extraña decisión de su monarca y comenzaron las luchas políticas que ella supo manejar con destreza.

Abdicación y conversión al catolicismo

En febrero de 1654 la reina comunicó al Consejo del Reino y a todos sus principales su decisión de abdicar. El Consejo del Reino le exigió alguna explicación y ella respondió: “Si el Consejo supiera las razones, no le parecerían tan extrañas”.

Emprendió viaje una vez su primo asumió la corona, empezando por Hamburgo y Flandes (entonces bajo dominio de la Monarquía Hispánica). Y fue ahí, justamente, donde tomaría la segunda decisión más importante de su vida: convertirse al catolicismo. Un hecho que probablemente escandalizó a su país más que su negativa a casarse o su abdicación, especialmente si tenemos en cuenta que su padre participó en la citada guerra de los Treinta Años defendiendo, precisamente, la facción protestante. Cristina consideró que, debido a su nueva fe, debía ir a Roma y eso hizo, animada por el papa Alejandro VII, quien preparó su llegada con todos los honores. El 19 de diciembre de 1655 Cristina llegó a Roma recibiendo poco después la confirmación y la comunión en la Basílica de San Pedro.

Desde ese momento y hasta su muerte, acaecida en 1689 a la edad de 62 años, Cristina vivió entre Roma y Francia, y siempre tuvo el mismo problema: la falta de dinero. A pesar de que el reino de Suecia había acordado otorgarle una pensión vitalicia. Con su primo y sucesor en la corona no mejoró la situación financiera del país nórdico, por lo que la ex reina vivió verdaderos apuros económicos. A pesar de ello, y prácticamente casi hasta el final de sus días, intentó ayudar como mecenas.

placeholder La reina, a caballo. (Sébastien Bourdon)
La reina, a caballo. (Sébastien Bourdon)

Entierro en Roma

La reina Cristina, que en vida había huido de la pompa y el boato, quería para su muerte y funerales algo acorde con su personalidad; sin embargo, sus deseos no fueron escuchados y fue enterrada en la basílica de San Pedro. Su tumba, por cierto, está al lado de la de San Juan Pablo II. Ha pasado a la historia por ser una mujer singular cuyo pensamiento y actitud parecen más acordes al siglo XX que al XVII, por haber llevado a su país, Suecia, numerosas obras de arte y servir como una gran mecenas de artistas como Bernini.

Gema Lendoiro es periodista y doctoranda en Historia Moderna por la Universidad de Navarra.

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