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Clara Campoamor: la discreta reducción a cenizas de la mujer que hizo grande a la mujer
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50 AÑOS DE SU MUERTE

Clara Campoamor: la discreta reducción a cenizas de la mujer que hizo grande a la mujer

Falleció en el exilio y en el olvido. Fue incinerada. Era la manera más sencilla de que sus restos llegaran a España de manera clandestina

Foto: Retrato de Clara Campoamor (años 20), incluido en la exposición 'Protagonistas en la sombra', formada por 160 fotografías de los fondos de la agencia EFE. (J. Benet)
Retrato de Clara Campoamor (años 20), incluido en la exposición 'Protagonistas en la sombra', formada por 160 fotografías de los fondos de la agencia EFE. (J. Benet)

"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste (…)". Estas palabras de la abogada, escritora y política Clara Campoamor, que formaron parte de un discurso pronunciado en las Cortes, el 1 de octubre de 1931, para que las mujeres tuvieran derecho al voto durante la Segunda República, fueron parte de la lucha que esta recordada feminista libró para finalmente lograr que el sufragio femenino se aprobara. Fue en 1933 cuando, por primera vez, las mujeres españolas pudieron acudir a las urnas.

Foto: Ilustración de Irene de Pablo. (Vanitatis)

La brillantez de Clara Campoamor fue, como la de tantas otras personas, apagada con la llegada de la Guerra Civil. Tuvo que huir y vivir en el exilio, donde durante muchos años, con la instauración del franquismo, que abrió un proceso contra ella acusada de masona por el que habría sido condenada a doce años de cárcel de haber regresado a España, su figura y su lucha quedaron enterradas en el olvido.

placeholder Clara Campoamor. (Cordon Press)
Clara Campoamor. (Cordon Press)

En un primer momento se instaló en Ginebra, pero pronto cambió este destino por el de Argentina, donde pudo seguir dando rienda suelta a su inteligencia. Allí escribió numerosos ensayos, realizó traducciones y varias publicaciones sobre poesía española en la revista femenina 'Chabela', y protagonizó numerosas conferencias.

En 1955, Clara Campoamor decidió regresar a Suiza y se instaló en Lausana, una pequeña ciudad ubicada cerca de la frontera con Francia. Allí trabajó durante años en un bufete de abogados.

En sus últimos años de vida, la enfermedad comenzó a mermar sus fuerzas. Ella misma se jactaba en alguna carta sobre su estado. Aseguraba sentirse bien aunque reconocía que subir algunas cuestas de Lausana le costaba esfuerzo.

Con el tiempo, comenzó a perder la vista. En 1971 fue operada de cataratas. En cuatro ocasiones intentó regresar a España. La última vez que lo solicitó fue dos días antes de morir. Enferma de cáncer y ciega, expresó este deseo a la persona que desde 1955 la había acogido en Lausana. Le resultó imposible. La condición que le imponían para su regreso era que delatase a los miembros del grupo de masonería al que había pertenecido como miembro activo de la logia femenina entre los años 1931 y 1933. Siempre se negó.

Finalmente, falleció en el exilio, en el olvido y sin el reconocimiento del hito que logró en la historia de España. Por decisión propia, fue incinerada. Era la manera más sencilla de que los restos de Clara Campoamor fueran trasladados a España de la manera más discreta posible. Su urna llegó a nuestro país de manera clandestina y fue depositada en el cementerio de Polloe de San Sebastián, ciudad donde había vivido durante cuatro años tras aprobar en 1909 unas oposiciones. Sus restos descansan en una tumba de la familia de Pilar Lois, su ahijada y a quien Campoamor había inculcando el espíritu de superación y el amor por el estudio y el conocimiento. “Ya sabes Pilar, o estudiar o dedal”, le dijo en vida. Pilar logró ser, con los años, la primera mujer colegiada en Medicina en Gipuzkoa y fue la que se encargó de los trámites para traer las cenizas de Campoamor y cumplir así con la voluntad de su madrina. Hoy ambas descansan en el panteón familiar.

Clara Campoamor nunca logró ver el final de la dictadura en España. Al menos, sí pudo comprobar en vida los frutos de su lucha feminista. Suiza, el país que la acogió durante su exilio, fue el tercero en el que Clara Campoamor vio aprobado el sufragio femenino, en 1971.

La mujer que hizo grande a la mujer fue enterrada en vida en España, y cuando murió, fue reducida a cenizas. Su valentía y su determinación en sus ideales por la lucha de la igualdad entre hombres y mujeres fueron, sin embargo, más fuertes que cualquier bota opresora. Sus cenizas lograron volar alto e impregnar, con sus restos, el presente. Hoy, Clara Campoamor tiene el reconocimiento merecido y su nombre, ya sí, representa a esa gran mujer que logró un hecho histórico en España.

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"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste (…)". Estas palabras de la abogada, escritora y política Clara Campoamor, que formaron parte de un discurso pronunciado en las Cortes, el 1 de octubre de 1931, para que las mujeres tuvieran derecho al voto durante la Segunda República, fueron parte de la lucha que esta recordada feminista libró para finalmente lograr que el sufragio femenino se aprobara. Fue en 1933 cuando, por primera vez, las mujeres españolas pudieron acudir a las urnas.

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