Carmen Lomana y su experiencia desfilando para Dominnico: " Es lo más disruptivo que he visto en mi vida"
Carmen Lomana se adentra en el pulso de la 080 Barcelona Fashion de la mano de Dominnico y convierte la pasarela en un espacio de encuentro entre generaciones, códigos y cultura contemporánea
La 080 Barcelona Fashion no admite términos medios. “Es la modernidad”, dice Carmen Lomana, “la gente se entrega a la moda, no al postureo”. La comparación con Madrid no es tanto geográfica como conceptual: dos ecosistemas que operan con lógicas distintas, donde Barcelona se afirma —en sus palabras— como un territorio de fricción creativa. “Es lo más disruptivo que he visto nunca”.
La elección del adjetivo no resulta gratuita. El desfile de Dominnico, firma fundada por Domingo Rodríguez Lázaro, incorporó piezas que diluyen los límites entre indumentaria y dispositivo: siete diseños integraban tecnología de Samsung, subrayando una línea de investigación que la casa ha sostenido desde sus inicios. En ese trayecto, el lenguaje genderless, la atención a los procesos y la tensión entre artesanía y experimentación han definido un corpus que ahora, una década después de su primera colección —Unusual Dichotomy—, se revisita desde la madurez.
La pasarela catalana, fiel a su tradición de conjugar riesgo y consolidación, acogió esta evolución con naturalidad. Entre los cuerpos que la habitaron, la presencia de Marta Camín incidió en una reivindicación sostenida: la visibilidad de los cuerpos curvy como gesto estructural, no anecdótico. Su declaración —“Siempre curvy nena”—, amplificada en redes, operó como eco y extensión del propio desfile.
Pero si hubo un instante que condensó el espíritu de la jornada fue el encuentro imprevisto entre Lomana y la rapera Metrika. Sin guion previo, sin coreografía ensayada, ambas compartieron pasarela como quien comparte un código común recién descubierto. La escena tuvo su preámbulo en el backstage: “Cuando llegué a maquillaje, se volvió loca. Me dedicó Las plásticas. Terminamos bailando, perreando… me gritaban ‘larga vida a la madre fundadora’”. La anécdota, lejos de lo accesorio, revela una clave: la moda como espacio de traducción intergeneracional.
"Me emociona conectar con personas jóvenes tan diversas"
Minutos antes de salir, el gesto se volvió íntimo. “Le cogí la mano y le dije: vamos a pasárnoslo bien”. Esa frase, casi mínima, adquiere aquí un peso simbólico. Lomana —figura históricamente asociada a un determinado imaginario social— se desplaza sin fricción hacia territorios donde conviven lo queer, lo digital y lo emergente. “Es fascinante conectar con gente tan joven y tan diversa”, afirma, aludiendo a un público que encuentra en propuestas como la de Dominnico un lugar de identificación.
Esa disposición no es nueva. Lomana sitúa su educación sentimental en un entorno ajeno al sectarismo: “Siempre tuve amistades muy distintas. Me interesa quien no se parece a mí”. Una declaración que, leída en contexto, articula una continuidad entre biografía y presente.
Su relación con Rodríguez Lázaro se inscribe también en esa lógica de afinidad electiva. Se conocieron hace una década, en los márgenes aún incipientes de la firma, durante una cena íntima que derivó en una complicidad sostenida. “Me recuerda a John Galliano: alguien que ve donde otros no ven”, señala. La comparación no es tanto estilística como estructural: alude a una mirada capaz de generar comunidad en torno a un universo propio. “Es una moda para un público concreto, pero profundamente fiel; ahí encuentran identidad”.
Aunque reconoce la distancia entre ese universo y su propio armario, identifica piezas que funcionan como puntos de intersección: una gabardina, un vestido negro. Objetos que, más que incorporarse, dialogan con su estilo.
En Soft Armor Fall 2026, la última colección presentada, ese diálogo se amplifica. Figuras como Jessica Goicoechea, la propia Camín o Lomana junto a Metrika configuran una cartografía donde los cuerpos, lejos de homogeneizarse, insisten en su diferencia.
“Detrás de cada diseño hay un relato”, concluye Lomana. En esa afirmación se condensa la propuesta de Dominnico: la moda no como ornamento, sino como sistema de significados en circulación.
La escena final, sin embargo, se desplaza fuera de la pasarela. Lomana proyecta ya una fiesta próxima —“con gente joven”— donde invitará a la rapera. Un gesto menor en apariencia, pero coherente con todo lo anterior: prolongar el encuentro, sostener la conversación, permitir que la moda continúe allí donde la pasarela termina.
La 080 Barcelona Fashion no admite términos medios. “Es la modernidad”, dice Carmen Lomana, “la gente se entrega a la moda, no al postureo”. La comparación con Madrid no es tanto geográfica como conceptual: dos ecosistemas que operan con lógicas distintas, donde Barcelona se afirma —en sus palabras— como un territorio de fricción creativa. “Es lo más disruptivo que he visto nunca”.